Llevo diez años con las posaderas pegadas a un asiento de cuero agrietado, tragando polvo desde la Patagonia hasta los estepas de Mongolia. Mi barbilla huela a humo de escape viejo y la tierra seca de tres continentes se ha alojado para siempre bajo mis uñas. Por eso, cuando en mi última bajada a la civilización me hablaron de las motos eléctricas, me dio un escalofrío que ni las noches a -15 °C en los Andes han logrado sacarme del cuerpo.

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¿Sin ruido? Los pumas te comerán vivo

Dicen los muchachos de la ciudad que el par motor instantáneo es una maravilla y que no hacer ruido es 'ecológico'. Amigos, el rugido de un monocilíndrico de cuatro tiempos a escape libre no es contaminación: es tu único escudo biológico. Me acuerdo cuando acampé cerca del Salar de Uyuni; un grupo de zorros del desierto intentó robarse mi única lata de sardinas. Bastó un aceleração en neutro para que salieran disparados hacia Chile. Con un motor silencioso de electrones, hoy estaría masticando suelas de bota en vez de sardinas.

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"Un motor térmico no solo te lleva; en las noches de tormenta sobre la cordillera, el bloque de aluminio ardiente es la única estufa que separa tus dedos de la gangrena."

Consejo de supervivencia #407: La trampa del enchufe

Si te vas a aventurar al fin del mundo con un enchufe por depósito, grábate esto: nunca confíes en la brisa. Si te quedas sin batería a 300 kilómetros de la toma de corriente más cercana, tu elegante máquina de 20.000 euros se convierte en el ancla más cara de la historia. ¿Mi consejo? Si no hay electrolitera a la vista, pela dos cables, conéctalos a la lengua de un sapo de caña y reza a los dioses del alto voltaje. O mejor aún: lleva siempre un litro de noventa y cinco octanos en una cantimplora oxidada.

La nostalgia del olor a aceite quemado

No voy a negar que la tecnología avanza y que algún día las pistas de tierra pertenecerán a los vatios. Pero mientras me quede un soplo de vida y un hilo de embrague por tensar, echaré de menos el ritual de limpiar un carburador lleno de barro en medio de una tormenta de arena. La electricidad es limpia, sí... pero la tierra y la grasa son las que le dan sabor a la libertad.