El día que Honda dejó obsoleta a la competencia

Saludos, quemados de la gasolina. Al habla Paco Pistón. Hoy en día, si tu moto no tiene una Unidad de Medición Inercial (IMU) de seis ejes, control de tracción predictivo, ABS en curva y una pantalla TFT de 8 pulgadas que parece un iPad robado, los 'moteros modernos' te miran como si condujeras un tractor a pedales. Pero hubo una época en la que la hombría motociclista se medía en manchas de aceite en el garaje y empastes aflojados por las vibraciones. Hasta que llegó 1969 y la Honda CB 750 Four decidió que ya estaba bien de sufrir.

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"La CB750 no solo fue una motocicleta nueva; fue un meteorito cayendo directamente sobre la industria británica de las dos ruedas."

Anatomía de una revolución: Tetracilíndrico en línea y SOHC

En el Salón de Tokio de 1968, Soichiro Honda desveló el arma definitiva. Presentar un motor tetracilíndrico en línea transversal de 736 cc con un árbol de levas en culata (SOHC) en una moto de producción en serie era, en aquel entonces, el equivalente a poner un reactor nuclear en una bicicleta. Entregaba 67 CV a 8.000 rpm, empujando la máquina a más de 200 km/h. Pero la potencia no era lo único. La CB750 ostentaba un freno de disco delantero hidráulico. Sí, amigos, podías frenar sin rezarle a tres santos distintos y sin tirar del cable de un tambor que parecía hecho de mantequilla y buenas intenciones.

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El nacimiento del UJM y el fin de los charcos de aceite

Además de correr y frenar, la Honda hacía algo inaudito para la época: arrancar con un botón eléctrico y no romperse. Triumph, BSA y Norton se quedaron mirando cómo sus bellas pero temperamentales bicilíndricas (que dejaban más aceite en el asfalto del que llevaban en el cárter) quedaban relegadas a piezas de museo. Así nació el concepto del UJM (Universal Japanese Motorcycle): chasis de simple cuna, cuatro cilindros, fiabilidad a prueba de bombas y un sonido saliendo por esos cuatro escapes independientes que todavía hoy nos pone los pelos de punta.

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La Honda CB 750 no fue solo una moto rápida; fue la Génesis de la Superbike moderna. Nos enseñó que el alto rendimiento y la fiabilidad no tenían por qué ser enemigos íntimos. Así que la próxima vez que te subas a tu misil computarizado de 200 CV y selecciones el modo 'Lluvia', dale las gracias a esta leyenda de 1969. Sin ella, probablemente seguirías ajustando platinos en el arcén.