Mientras los departamentos de marketing de las grandes marcas siguen intentando convencernos de que el futuro es una scooter eléctrica con pantalla táctil de quince pulgadas, el motociclismo de verdad sigue latiendo donde siempre: en el asfalto, en la hermandad de carretera y en concentraciones con alma. Este fin de semana, la brújula motera no apunta a ningún salón internacional estirado, sino a O Barco de Valdeorras.

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Gasolina con Denominación de Origen

La comarca ourensana se prepara para ser invadida pacíficamente por un arsenal de bicilíndricos en V, tetracilíndricos aulladores y algún que otro bóxer veterano que se niega a jubilarse. O Barco se convierte en el epicentro para los devoradores de kilómetros que entienden que una ruta sin curvas cerradas y buen papeo es simplemente un desplazamiento aburrido.

«Aquí no se viene a lucir el mono impoluto en la terraza de moda; se viene a gastar los flancos del neumático y a compartir mesa tras una buena kilometrada.»

El terreno de juego: Asfalto gallego para manos finas

Hablemos en plata técnica: las carreteras que rodean Valdeorras y el valle del Sil no perdonan las suspensiones mal taradas. Entre cambios de rasante, horquillas lentas y zonas de sombra donde el asfalto guarda la humedad con recelo, este fin de semana toca afinar el rebote, comprobar presiones en frío y confiar en el agarre del compuesto térmico. Si eres de los que confía a ciegas en el control de tracción de última generación, prepárate para sentir cómo trabaja el basculante.

El ambiente promete ese clásico cóctel que tanto nos gusta en Saludo Motero: olor a ferodo caliente, el crujido de los escapes al enfriarse al caer la tarde y charlas interminables sobre cuál es el mejor trazado para cruzar hacia El Bierzo o adentrarse en la montaña lucense.

Así que deja las excusas en el garaje, limpia la visera del casco y pon rumbo a O Barco. Las curvas ya están servidas.